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Nació en Tolosa el 12 de septiembre de 1.917. Su
vida artística se puede decir que no comienza hasta el año 1.936; por esta época era maquinista
de cine en el teatro Gorriti. Los dibujos y los muñecos de Disney le subyugan;
es la primera llamada del arte: comienza a hacer Mikeys, a imitar al celebrado artista, cuyas
producciones contempla asiduamente desde su garita de maquinista. Los avatares de la guerra y
las consecuencias de la polio en su pierna derecha hacen que sea alistado en el Ejército para
servicios auxiliares; destinado en Pamplona, traba estrecha amistad con un artillero de Azpeitia,
que también talla la madera. Juanito, al verle trabajar, comprende que también puede
hacerlo; el azpeitiarra, no obstante, le enseña algunas nociones de técnica.
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Posteriormente, la vocación artística de Lope se
abre a nuevos campos. Ya talla la madera, construye arquetas y otros objetos. Pero el gran paso lo
debía de dar el año 1.943. Era un día como tantos otros. Juanito estaba en su taller, cuando acertó
a pasar por allí el escultor Lopetegui de San Sebastián que con unos amigos se dirigía a la sidrería
de "Txortxi". Enterado Lopetegui de las aficiones de Juanito le preguntó:
-¿Sabes moldear el barro? Pues debes aprenderlo. Yo te puedo dar lecciones. Para eso es preciso que todos los días,
durante un cursillo, vengas a San Sebastián, a la Escuela de Artes y Oficios. Juanito vio que aquello era
imposible.
- Yo no me puedo permitir, contestó, el lujo de tomar unas lecciones. No tengo medios económicos
y necesito trabajar para vivir.
El dueño de la sidrería, el señor Larrañaga terció en la conversación.
- Por eso no ha de quedar, Juanito. Yo sufragaré los gastos que tales lecciones ocasionen.
- Pues mañana mismo le espero, respondió Lopetegui.
Lope acudió durante un cursillo a las lecciones de Lopetegui, y gracias a las enseñanzas de este artista entra de
lleno en el amplio campo de esta rama del arte.
Comienza Juanito a hacer sus primeros trabajos en escayola: el busto del Papa, Pio XII, el de un alcalde vasco,etc.
Ya su taller es pequeño para alguna de sus obras y tiene que trasladarse al desván de Monfort o a la terraza de la
sidrería de Larrañaga, que sus propietarios le ceden.
Su fama y nombre van adquiriendo vuelo. Benlliure, que cuida de su salud en Betelu, quiere conocerlo. Era el
verano de 1.944. Acompañado del señor Elósegui, se presenta en el "Studio" de Lope. Benlliure, a la vista de las
posibilidades de Juanito, le invita a que vaya a Madrid. Allí, en la capital, vive cerca de tres meses. El ambiente
de la gran ciudad le defraudó; los egoísmos de sus compañeros le hieren vivamente. Su alma, que como la de todo
artista es más sensible que la de los demás mortales, se encuentra sólo en aquel otoño madrileño y sueña y piensa
con sus montes y con el pequeño rincón, lleno de paz, que abandonó.
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El cariño y la protección de Benlliure no son bastantes para llenar aquel vacío.
Las fiestas de Navidad son un buen pretexto para irse a su pueblo. El promete volver, pero en su cabeza ha germinado
una idea. Y otra vez es en la sidrería de "Txortxi" donde vuelve a modelar el barro. Trabaja en un paso
procesional, "El Cirineo"; este paso muestra
toda la plenitud artística a que ha llegado Juanito Lope. Su constancia y su valer han triunfado
en el difícil empeño. El último Viernes Santo la muchedumbre ha podido contemplar la obra de su
escultor. Juanito no se duerme en los aplausos; los encargos que recibe son abundantes: el señor de
la Casa Lazcano le encarga diez bustos; otros son para el Vizconde del Cerro, Irazusta, un magnífico
Cristo yacente para Monfort, vírgenes de Izaskun, etc.
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(Extracto de un texto de Federico de Zavala)
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Aprendió mucho para su arte. Pero aprendió más, quizás demasiado para un corazón como el suyo,
de la lucha y los sabores ácidos de la vida, tornando antes de lo que él mismo esperaba a ganar el
modesto jornal de una fábrica, con el que poder dedicar los descansos del trabajo al cansancio
inefable del cultivo de su vocación irrenunciables.
Y encerrose, otra vez, en el silencio y en la humildad de su pequeño estudio, enclavado en un
escondido rincón de la solitaria calle de Santa María : lóbrego y destartalado tugurio repleto
de estrafalarios amuletos y un aviso de agudo humorismo -"Estoy en la sidrería"- en la
puerta sin cerradura alguna, para los que buscan y no encuentran a quien en verdad consume
allí los días jóvenes de su sacrificada existencia.
En octubre de 1.966, la Villa de Tolosa acuerda rotular el pasadizo que comunica
las calles Emperador y Santa María con el nombre de Juan Lope, quedando esculpida su
silueta en un medallón anclado en la parte alta del pasadizo.
Murió el 1 de septiembre
de 1.981. Tras su fallecimiento fue homenajeado por las charangas de Tolosa, habiéndosele
nombrado anteriormente "Distinguido de los Iñauteriak".
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Esculturas en espacio público
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